Invoca de nuevo al diablo,
pulsando sus cuerdas,
una pequeña guitarra de colores cálidos
y muy logradas formas.
Su melodía, un beso al silencio,
es demasiado suave y sigilosa
como para servir a esos satánicos fines.
O quizás sea la más adecuada,
pues su vibrar en la noche
recuerda las caricias tentadoras
que una serpiente brinda a la tierra parda.
La guitarra, alma joven,
me confiesa en su melodía
haberse mojado entera en el río
una sola vez,
pero sin dejarse arrastrar por la corriente.
La guitarra, esposa del demonio,
rabiosa y ebria,
me dice al oído
que añora, junto al suyo,
el llanto de un bandoneón.
pulsando sus cuerdas,
una pequeña guitarra de colores cálidos
y muy logradas formas.
Su melodía, un beso al silencio,
es demasiado suave y sigilosa
como para servir a esos satánicos fines.
O quizás sea la más adecuada,
pues su vibrar en la noche
recuerda las caricias tentadoras
que una serpiente brinda a la tierra parda.
La guitarra, alma joven,
me confiesa en su melodía
haberse mojado entera en el río
una sola vez,
pero sin dejarse arrastrar por la corriente.
La guitarra, esposa del demonio,
rabiosa y ebria,
me dice al oído
que añora, junto al suyo,
el llanto de un bandoneón.
Bandoneón (según el diccionario de la RAE): variedad de acordeón, de forma hexagonal y escala cromática, muy popular en Argentina.


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