Como muestra de que durante este tiempo de inactividad del blog he seguido entregándome a los versos, os tengo preparados los dos últimos poemas con los que concluye la serie En busca de una moral propia, diez mandatos para la vida cotidiana que me he dado y que procuro (con éxito muy relativo) observar. Estos dos últimos poemas están muy relacionados: el noveno viene a ser un ejercicio de cinismo (sano) y de honradez; el décimo, una invitación a relajar las normas de uno mismo para abrirse a los demás (en el caso concreto del amor). Este último poema, a modo de colofón, deja abierta la serie y añade un matiz de contradicción. La sensación que tuve al acabarlo es que la moral propia no acaba de ser definitiva y coherente, que está por hacerse. Esto puede producir frustración en un primer momento, sin duda, pero en el fondo es un resorte que nos empuja, si no a acabar nuestra moral, por lo menos a perfeccionarla.
viernes, 18 de septiembre de 2009
jueves, 22 de enero de 2009
martes, 6 de enero de 2009
Adornos de la estantería
Todos y cada uno de nosotros, por temer lo extraño, nos guardamos verdades actuando como si no existieran y negándonos a compartirlas. Lo que, en principio, es un instrumento para protegernos a nosotros mismos al final se convierte en una carga insoportable que amenaza con destruirnos. Pero no sólo sucede eso... resulta que nuestro afán por ocultar el universo interior de cada uno hace de nuestro mundo una gigantesca repisa donde los adornos y las figuras aguardan no más que el paso del tiempo. Sé que la sinceridad plena es un ideal, pero ¡dar y recibir sinceridad es tan necesario para huir del aburrimiento! Esto es lo que siento y fruto de mi sentimiento, son estos versos libres:
Etiquetas:
notas a pie de página,
poesía en manuscrito
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




