
El quinto mandamiento de esta moral que intento construir tiene que ver con el lenguaje. Las palabras han sido creadas por y para humanos, por lo que debemos tratarlas sin ningún tipo de temor; es más, tenemos que observarlas con nuestro más sincero desprecio. No nos creamos incapaces de descifrarlas. Es una cuestión de voluntad. Se trata, como en muchas otras cosas, de vencer a la pereza. Cuando tengamos que enfrentarnos a cualquier texto, sea escrito u oral, sea un poema, sea un discurso, sea el guión de una película, sea la letra de una canción o el artículo de un periódico, hay que proceder, con toda la calma del mundo, a desmenuzar las palabras, a encontrar su significado más profundo y radical. Sólo de esta forma, estaremos en condiciones de empezar a comprender...


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