jueves, 2 de octubre de 2008

Escrito inconscientemente en futuro, ¿quizá porque aún no hay nada que sentir?


Mi visión de la lírica (prefiero "lírica" a "poesía") intenta ir más allá de todo tipo de sentimiento y, en especial, del amor. Me decanto por una visión más formal, más estética. El cómo se dice es más importante que lo que se dice. Ello no implica marginar los sentimientos, pues, al fin y al cabo, la poesía es un producto humano y está volcada en todo lo humano. La lírica no puede desentenderse del amor ni del odio (eso de la poesía pura es un imposible), pero el amor y el odio sufren un cambio profundo en su naturaleza cuando se convierten en tema de un poema. Cuando se plasma un sentimiento o una emoción en un verso, estos se convierten en una figura retórica más, se incorporan a la Forma, son excusas que motivan la Forma. Prueba de ello es que este amor que me lleva a escribir unos versos se transforma en cualquier amor (lo mismo se puede decir de la rabia, de la desesperación, de la melancolía, etc.). Así, gracias a la "formalización" del sentimiento, el lector puede identificarse con el autor, puede coger el poema del autor y recitárselo a terceras personas para expresar sus propias emociones. En definitiva, el lector puede usurpar el sentimiento del autor (sin menoscabo de la propiedad intelectual...). De esta manera, la lírica, con la formalización de los sentimientos, permiten su comunicación, que es de lo que se trata cuando usamos el lenguaje.


En cualquier caso, conviene recordar que los sentimientos son la chispa que permite el surgimiento de la experiencia de la lírica. Seamos honrados: todos los poetas empezaron a escribir por amor (en la mayoría de los casos por un amor platónico). El amor a la Forma viene después, cuando se olvidan los pesares del otro amor.

No hay comentarios: